jueves, 23 de junio de 2011

Inmortal extrañeza

Una vez oí que la tecnología trastoca el orden de las cosas. Lógico. Que entre ellas, las cosas, trastoca el orden de lo lejano. Antes, quien recibía una carta, sentía la ausencia, la extrañeza. Ahora, quien recibe un mail no siente nada.
Por eso te escribo hoy, a mano, esta carta. Porque lo siento. Siento que se nos acaba. Que la emoción duró un instante y nada más. Que te vayas, o te deje. Siento que nos hayamos querido tanto. Siento cada vez que pasó por mi mente que era para siempre. Siento la incertidumbre y la emoción que genera esta partida, la tristeza también.
Siento que algún día te dejaré de reconocer, dejaré de sentir tu falta. Me duele que algún día tu olor me será indiferente,así como este dolor.
Pero tal vez no tenga que ser así, y por eso te escribo hoy así, porque tengo la esperanza de que la tinta de esta pluma haga inmortal la extrañeza.


jueves, 5 de mayo de 2011

Postigos*


Dejaré de pensar en las puertas y sus llaves.
Ahora sólo postigos.
Postigos como ilusiones, como falsedades, como falacias.
Postigos en donde sea y adonde vaya, postigos de nada.
Postigos subjetivos, con infinitos candados que nada cierran.
Postigos que nos hacen sentir tranquilos y en control.
Postigos para ocultar la incertidumbre.
La Incertidumbre.









*No me queda claro si entendí bien el significado de la palabra,
pero la primera parte de la definición de la RAE (puerta falsa) me gustó.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Jocoso jojojo

Aliteraciones vacías,
Valles de nada, y de algas algunas
alientos de almíbar
al lado de él.
Y al final, las alas altaneras
De alguien alado.

Y al final, las alas
Brillantes y brutas
de Bretaña a Brima
Bramando el sonido
De la brisa del mar.

Del mar y del cielo
Y de las sierras aztecas,
El cierto sonido
Del cisne casi ciego

Si en esta sonata,
Tan cierta y tan triste
Ningún sentido ha encontrado,
Siéntese.


sábado, 27 de marzo de 2010

Me encantas cuando te pintas de morado, los pocos días en que estás limpia, y cuando todos deciden dejarte en paz.
Cuando, como con una tutsi, logro llegar a tu centro, me enamoro todavía más. Me hubiera encantado conocerte (me encantaría haberte conocido) hace muchos años, cuando, aún inocente, creías que las cosas se iban a quedar así. Me encanta pensar en la belleza que conocieron tus descubridores, y en las aún sanas agallas que has de haber tenido.
Ahora, ya vieja, parece que explotarás. Muchas veces pienso que no podrás con la carga que te ha sido impuesta. ¿Cuánta mierda podrán digerir tus tripas? Calculo, no mucha más.
Y por eso a veces te maldigo, y por eso espero poder abandonarte pronto, y por eso más de una vez a la semana pierdo la fe en ti. Si bien no es tu culpa, no hay nadie a quien acusar, y mientras no te consideremos nuestra, nada podremos hacer.
Responsabilidad, ojalá nos la pudieras enseñar.

lunes, 15 de marzo de 2010